Lo recuerdo como si fuera ayer, una gran fiesta familiar, la cena, las piñatas, los juegos el baile.
Esperaba con ansias aquella fiesta, los preparativos eran emocionantes. De vez en vez, me acercaba al pie de fabuloso árbol de navidad (que lucía gigante y con todos esos adornos se veía tan brillante, era como un sueño hecho realidad) y cuando nadie me miraba trataba de hacer el conteo de regalos, los identificaba, así la mañana del 25 de diciembre sabría cuáles abrir y podría hacerlo antes que todos.
El 24 por la mañana todo en la casa era bullicio, comida por aquí, adornos por allá, esperábamos que las piñatas estuvieran listas, los dulces, la fruta y cada vez que pasaba junto al árbol mi corazón sólo hacía, tic.. tac.. tic.. tac.., como esperando ese fabuloso momento que estaría lleno de sorpresas.
Finalmente comenzaba la fiesta, con una posada, venían todos los niños de la cuadra, pues las piñatas y los dulces que había en nuestra posada eran algo especial y entonces retumba en mi cabeza aquel sonido "... dale, dale, dale.. no pierdas el tino.." y yo quería romper la piñata, aunque estaba muy pequeña para hacerlo. Y la piñata se rompía y mis bolsas no alcanzaban para tanto dulce!, humm, que festín me iba a dar. Terminábamos de romper las piñatas y ahora la cena, todo era delicioso pero especialmente recuerdo aquellos buñuelos que hacía mi abuelita, yo me los quería comer todos, su sabor, el olor a canela y azúcar, aún los saboreo. Al terminar la cena, todos los niños nos íbamos a dormir, pues al siguiente día teníamos que madrugar y mientras más pronto nos durmiéramos más pronto despertaríamos, los regalos... todos queríamos abrirlos primero.
A la mañana siguiente, bajábamos por aquella escalera tan rápido como podíamos. Este es mío!, este es de mi hermanita!, mira uno para mi abue!!, vaya el juguete que quería, que padre, ¿una pera de box? ¿qué se hace con eso mamá?, jajaja, vaya días felices, tan llenos de expectivas, de emoción y magia.
De repente un día desperté y el árbol ya no parecía gigante, ni mágico y mi corazón ya no hacía tic.. tac.. tic.. tac.. al pasar junto a él, ya no importaban los regalos o los preparativos, o la fiesta, algo había sucedido.
Platicaba con mi esposo sobre este sentimiento y estuvimos de acuerdo que un día la magia de la celebración de la navidad, el árbol, los regalos y la fiesta, volverá a nuestras vidas a través de nuestros hijos. Quiero volver a soñar, quiero volver a sentir esa emoción, es por eso que esta Navidad nuevamente escribí una carta a "Santa" que decía: Santa, estamos listos!, este año sólo queremos un hijo.
Ojalá y Santa vea que nos portamos bien este año.
Feliz Navidad a todos!!
Jeny
lunes, diciembre 26, 2005
La emoción de la Navidad... ¿volverá?...
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