jueves, febrero 26, 2026

Mis viejas cartas...

Durante los últimos años de mi vida, se ha venido gestando en mí un cambio, que si bien no fue previsto, he abrazado con mucha alegría pues estoy aprendiendo a vivir en el ahora, a estar más presente en mi vida.

Parte de ese cambio, inició con unos cursos de “Semiología de la vida cotidiana”, a los que he estado asistiendo. En el primero de estos cursos, aprendí algunas cosas sobre conocerme a mí, hay un par de conceptos que me han puesto, en serio a pensar:

Principio de realidad: El problema es un hecho. Los problemas no me hacen sufrir. Lo que me hace sufrir es mi actitud frente al problema: problemática.

Prejuicios: Todo lo que me han enseñado que debe ser y lo juzgo como tal, sin detenerme a pensar si en verdad así es como yo creo que debe ser .

“Toda persona tiene las más profundas razones para ser como es y para hacer lo que hace” (Alfonso Ruiz Soto)

Hace años pregunto ¿qué pasó conmigo?, ¿dónde me perdí?, supongo que muchos nos habremos hecho esas preguntas a lo largo de nuestras vidas, o quizás no.

Uno de mis libros favoritos es “El Principito”, la primera vez que lo leí, tendría unos 8 años, me impactó un diálogo que existe entre un rosa de 3 petálos y el principito en el desierto. El principito pregunta por los “hombres” y la rosa le contesta que los ha visto muy poco y le describe que “cómo no tienen raíces, el viento se los lleva”, la flor piensa que eso ha de ser muy molesto.

Yo crecí sintiéndome así, no tenía raíces, el viento me llevaba y era muy, muy molesto. Mientras estuve en la primaria, fue soportable, pero pasar entre 1 y 2 años en cada escuela se volvió algo muy desagradable. En esos tiempos, mi capacidad de adaptarme era buena, considerando que cruzaba la adolescencia.

Mientras crecía no existían los teléfonos celulares, facebook, whatsapp. Si tenías suerte, tus papás tenían línea telefónica y de vez en cuando podías hacer alguna llamada de larga distancia, en caso contrario (como el mío) mi modo constante de comunicación fue a través de cartas. El correo postal, durante muchos años fue mi mejor amigo y a la vez mi mayor enemigo. Las cartas que recibía me alegraban el día y a la vez me lo entristecían al por mayor, tenía que enterarme de lejos de las historias que no había podido vivir y en mi tristeza me perdía del momento en que sí podía estar presente. La mayoría de los cambios que viví desde mi infancia hasta mi adultez, casi siempre estuvieron impregnados de muchos kilómetros de distancia.

Todas esas cartas, cuentan historias de las que quise ser parte y no fui. Así que hubo un día, en que decidí no estar más tiempo triste por esta situación. Empaqué todas mis cartas, las guardé en una caja junto con mi corazoncito y dejé de escribir. Dejé de escribir cartas, dejé de escribirme historias, dejé de escribir diarios y dejé de relacionarme con otras personas como lo había intentado hacer por tanto tiempo, al fin si no tenía amigos entonces no estaría triste nuevamente por sentirme sola.

Me perdí de mi principio de realidad, si bien en ese momento me encontraba sola, no tenía por qué ser así en el futuro.

Han pasado 30 años desde que tomé esa decisión, me quedé con los amigos que guardé en aquel cajón (algunos de ellos aún son mis amigos, a distancia por supuesto), ¿será el momento de cambiar?

Jeny



lunes, julio 19, 2021

Poco

Hace unos días agregué esta canción a mi playlist de spotify. Mi playlist es un tanto “sui géneris” así que siempre encuentro lo que necesito escuchar, sin embargo esta canción ha estado dando vueltas en mi mente.

Ya estoy por llegar a los 45 años y en apariencia, tengo muy “poco” que pueda identificarme con esta canción. Así que como tengo una tendencia extraña a analizarme, hoy que escuchaba esta canción entendí que hay más en ella sobre mí de lo que puede parecer.

Esta canción me hace añorar la explosión de sentimientos de la juventud, ese amor intenso que cuando termina, te hace escribir canciones, poemas, sumergirte en tequila. Las situaciones que me pueden provocar esas ganas de sumergirme en tequila o de pensar que me hace falta una vida para solucionarlas, ya nada tienen que ver con el amor.

Conforme han pasado los años, lo que siento se vuelve más intrincado, más oscuro, mis emociones se esconden detrás de las emociones y sucede que estas canciones me recuerdan que un día dejé fluir mis emociones, sin restricción y que se sentía bien.

Esta canción me hace añorar ese amor de juventud, todo lo que hace tanto tiempo viví con tanta pasión y me hace cuestionarme ¿qué necesito para dejar de reprimir lo que siento? ¿qué necesito hacer para que esa pasión regrese? ¿qué debo hacer para permitirme vivir la vida intensamente? ¿para fluir con la vida sin reprimirme?, como dice la canción “.. me hace falta muy poco... no hace falta tan poco, me hace falta una vida.”

lunes, enero 20, 2020

“Cuan grande es Dios”... “Cuán grande es Él”...


Hace un par de semanas, en domingo, durante la alabanza comenzaron a cantar “Cuan grande es Dios” , ese domingo mi hijo menor llegó a su 10mo aniversario y yo me sentía muy feliz. Mientras cantaba, daba gracias a Dios por su vida y porque a pesar de las dificultades que hemos pasado por su salud él llego, sano, fuerte y con un futuro prometedor a ese día.

Entonces como un balde de agua fría, me llegó la siguiente alabanza “Cuángrande es Él”. Entiendo la secuencia, el tema está ligado a la anterior, pero esta alabanza, siempre llega a mí para recordarme cómo es que se debe amar a Dios, en las buenas y en las malas.

El 10 de abril de 2018, perdí a mi buena amiga Lau Sánchez, después de varios años de darle una dura batalla al cáncer. Ella y su familia son cristianos, durante el proceso de su enfermedad, a través de ella aprendí lo que significa amar a Dios, en la enfermedad y con todos los pronósticos en contra. Compartimos muchos versículos de la biblia, oraciones y como se sentía respecto a su enfermedad y Dios. Siempre pedía no culparlo de su enfermedad o desenlace, ya que su plan era perfecto.

Acompañé a su familia al cementerio, el día que depositaron sus cenizas en la cripta familiar. Se encontraba su familia cercana, su papá, sus hermanos, su esposo y su hija entre los asistentes. Después de unas palabras de despedida, al colocar la urna con sus cenizas en la cripta, su papá comenzó a cantar a todo pulmón “Cuán grande es Él”. Yo me sentía tan triste y tan abrumada por la pérdida de mi amiga que me era imposible cantar, tenía un nudo en la garganta y otro en mi corazón y lo único que puedo recordar de ese triste día es a su papá cantando a todo pulmón, agradeciendo a Dios, en el último adiós a los restos de su hija.

De ninguna manera, quisiera pasar en la vida por la misma situación que el papá de Lau. Amar y agradecer a Dios, cuando estás feliz, libre de enfermedad, de dolor o de carencias es muy fácil, cada vez que escucho “Cuán grande es Él”, es un inevitable recordatorio de cómo es amar a Dios enmedio de la oscuridad y sumido en la tristeza.

miércoles, diciembre 20, 2017

El duelo llegando a su fin?

Pareciera que he vivido un duelo que no tiene fin... mi papá se fue hace tres años y medio. 

Como si me cayera un balde de agua fría, me doy cuenta que he perpetuado mi duelo a través de cosa inconclusas y guardando cosas descompuestas en mi casa.

Mi papá en vida, fue arquitecto y afecto a la carpintería. Yo decía que el "arreglatodo", venía a mi casa, veía una gotera y quedaba arreglada, una llave rota, una puerta caída, siempre me reclamaba que mi esposo no era bueno para mantener una casa y hacía el trabajo por mí, por mi familia.

Tuvimos esa extraña forma de arreglar las cosas durante un largo tiempo. Cuando él falleció, hace tres años y medio, dejó mi casa a medio pintar, algunas goteras y muebles pendientes de reparar.

Supongo que de manera inconsciente, durante todo este tiempo mantuve las paredes sin terminar de pintar, la gotera chorreante y muebles que piden a gritos mantenimiento.

Así que nos dimos a la tarea de "arreglar la casa". Comenzamos la pintura, cambiamos algunos muebles y estamos planeando eliminar la gotera. Al comenzar a realizar estos trabajos, me ha invadido un estado de ansiedad permanente y llegó a mi corazón una tristeza indescriptible.

He pasado noches llorando. ¿Cuál es el sentimiento? parece que al poner la pintura, lo estoy borrando, al reparar las goteras y los muebles viejos, él se está yendo. Es como si todo este tiempo, guardara la esperanza de que un día entre por la puerta y arregle todo que dejó a medias.

La psicóloga me ha pedido que le escriba una carta, así lo hice y si me ha traído alivio. He de aceptar el hecho de que él no está, que no vendrá a reparar nada a mi casa y que él me acompañará siempre, es parte de mí, no está oculto en un mueble o una gotera o en una pared sin pintar.

Sigo ansiosa, me dan calambres en el cuello a diario, siento una extraña tristeza que se cierne sobre mí, pero creo que eso es bueno, el reconocer todo esto es bueno, me significa que estoy llegando al cierre de este duelo. No sé qué me falta por recorrer, qué debo aprender de esta experiencia, pero ahora estoy viendo una luz.

Saludos,
Jeny

jueves, diciembre 29, 2016

El desahogo de las letras...

Finalmente, después de 2 años y medio de la partida de mi padre pude disfrutar una fiesta sin él. Esto del duelo se alargó para mí más de lo previsto. Al fin pude recordarlo con una sonrisa en mi rostro y sin estar enojada por su partida.

Es un buen momento para permitirme escribir...

Saludos,

Jeny

sábado, septiembre 06, 2014

Mi duelo me duele.... preparando la despedida...

Pá.... ya son 4 meses de tu partida y apenas el día de hoy, he tenido fuerzas para comenzar a escribir esta carta, de tristeza, de amor, de alegría, de despedida.

Parecía un día común, aquel lunes 5 de mayo, no pudiste cuidar a tus nietos por que te sentías mal, un malestar extraño. Recibí una llamada telefónica de mi mamá, preocupada, avisándome que algo andaba mal, que pedías ver a un médico. De inmediato salí de mi trabajo, me organicé para que mi mamá cuidara a mis niños y fui por tí. Nunca imaginé que esas serían las últimas horas que pasaríamos juntos.

Toda esa tarde te ví irte de a poco, sin darme cuenta, los minutos se hicieron horas y de repente el tiempo nos ganó, sentía como si cayera en espiral, tu dolor aumentaba, aún recuerdo cuando en esa sala de urgencias me tomaste la mano y me dijiste "tengo miedo", hubiese querido entender en ese momento la clase de miedo que tenías, no lo entendí y busqué al médico para tranquilizarte, hasta dije "Pá, no te preocupes, todo va a estar bien, no te vas a morir por esto...", involuntariamente te mentí. Te acompañé el mayor tiempo que pude, hice lo que estuvo a mi alcance para que tu dolor disminuyera, ¿por qué no te llevé a otro hospital?, ¿por qué no pensé en que te tratara otro médico?, ¿por que no pedí de manera más enérgica una mejor atención para tí?, tengo meses haciéndome esas preguntas y no me las puedo responder, simplemente ví como morías de a poco y no me daba cuenta.

Más tarde en la noche, cuando llegó mi mamá a la sala de urgencias, no quería separarme de tí, todo empeoraba tan rápido y yo estaba tan desconcertada, hice lo posible por quedarme a tu lado el mayor tiempo posible, cuando oré al lado de tu cama y te pedí que te encomendaras a Dios, había dentro de mí una despedida ahogada. Me pediste que le dijera a mi hermana que sabías que estaba ahí y que se lo agradecías, yo te bromeé una última vez, "Pá ni se te ocurra irte de parranda por que mi hermana y yo vamos a estar allá afuera cuidando la salida, esperando noticias tuyas", nunca imaginé que serían mis últimas palabras "encomiéndate a Dios Pá, verás que todo sale bien".

No pasaron ni 10 minutos cuando recibí una llamada telefónica de mi mamá "Se está muriendo!" dijo y yo corrí de nuevo a la sala de urgencias, abracé a mi mamá mientras a través de una cortina podía ver a los médicos intentando despertarte, todo pasó como en cámara lenta, nunca olvidaré cuando ví a los médicos detenerse, te quitaban tu ropa y yo le dije a mi mamá, "ya se nos fué, mi papá ya no está ahí".

Desde ese momento y hasta el día de hoy, he estado sufriendo con tu ausencia, me dueles, me dueles dentro, me duele mi corazón, no me puedo explicar lo que siento, no lo entiendo. No había podido hablar contigo hasta el día de hoy. Pá, sabía que algún día tendrías que irte, pensé que ese día llegaría dentro de muchos años, pensé que verías a los niños graduarse, casarse, que los verías felices y que estarías seguro de que contribuiste con su felicidad.

Pá, aunque en muchas etapas de mi vida no estuve de acuerdo contigo, siempre te amé, eres una persona muy importante en mi vida, aprendí de tí tanto, de tus aciertos, de tus desaciertos, quizá mi desacuerdo contigo es por que me parezco tanto a tí, no es broma cuando digo que heredé de tí el mal genio y las canas. Extrañaré nuestras discusiones absurdas e intensas, tus chistes sin chiste (que me sacan una sonrisa cada vez que los recuerdo), tu manera de expresarte, tu fútbol, tus chelas (Pá, te compré una cerveza para que te la llevaras ese día, después de cuidar a los niños, no he sido capaz de sacarla del refri aún).

Hice algo por tí Pá, deje un regalo de despedida de tu parte para mis hijos, ellos te recuerdan todos los días con tanto cariño, Mathias me dijo el otro día "mami, sabías que Santa Claus es más grande que mi tito?" Ari dijo,"mami, hoy es día del abuelo y le quiero hacer una tarjeta a mi Tito, sí mamá, ya sé que Tito ya no está, pero seguro en la noche baja del cielo para ver su tarjeta y se pone contento".

Quiero aprender de los niños, de su sencillez, de su manera de aceptar tu partida y no lo consigo. Pá, no duermo bien, estoy ansiosa, siento un nudo en la garganta, me enfermo.... y me angustia llegar a nuestro cumpleaños, que ahora sólo será mi cumpleaños. Falta menos de un mes y aunque yo siempre decía que no tenía que darte nada por que yo fuí el mejor regalo de tu vida, siempre me enfocaba en tí, en ese día, ahora sólo estaré yo, y ya estoy triste solo de pensar en eso.

Gracias papi, por lo que enseñaste, por todo el tiempo y amor que invertiste en mi, en mis hijos, para mí era un privilegio y un placer verte jugar con ellos. Gracias pá por todo lo que me cuidaste, hasta el último día de tu vida. Gracias por todas las cosas preciosas que hay de tí en mi casa, no hay manera de que yo esté en una habitación de mi casa sin que haya algo de tí en ella. Le doy gracias a Dios por haberme dado el tiempo suficiente para entenderte y para amarte, así tal como eras. Gracias que tuviste el tiempo de decirme cuánto me querías y cuanto amabas a mis hijos. Gracias por que no quedaron palabras pendientes que decir, quizás no fuimos los más cariñosos o expresivos, pero tu amor por mí y por mi familia me acompañará hasta el último de mis días.

Te quiero pá, me haces mucha falta, te extraño y espero que este vacío que siento en mí, pronto se pueda llenar de tí, de tus recuerdos, de tus historias, de tu vida. Espero que salga la tristeza que me ha causado tu partida, para que se llene de la alegría de haber compartido tantos años de mi vida contigo.

Pá, te quedas en mí, te quedas conmigo, aún no estoy lista para dejarte ir, sé que lo tengo que hacer, estoy comenzando a trabajar en eso, pero mis lágrimas aún no dejan de fluir,

viernes, noviembre 22, 2013

Teletón ¿donar o no donar? en mi opinión

En estos últimos días, estamos saturados del Teletón, ya pronto viene la próxima recaudación, así que los comerciales y anuncios son nuestro pan de cada día.

He recibido varios correos y he visto mensajes de facebook sobre si donar al Teletón sólo beneficia a Televisa y cómo se le roba a los que aportan dinero a esta causa ó que si es falsa la ayuda.

Tengo mi propia opinión, nada favorable, sobre Televisa y Peña Nieto y cómo se manejan los medios de comunicación en México. Sí, creo que existe la gran posibilidad de que Televisa se vea beneficiado con el asunto, pero al preocuparnos por eso, perdemos de vista que hay muchos niños que se benefician siendo atendidos en los CRIT que hay por todo el país.

Ayer inauguraron aquí en Querétaro el Hospital Infantil Teletón de Oncología, HITO, https://teleton.org/te-ayudamos/cancer/hospital-infantil-teleton-de-oncologia-hito , es una construcción magnífica a la vista de la mayoría de los que vivimos en Querétaro, es el tercer hospital de este tipo en latinoamérica. Mi hija de 5 años me preguntó, ¿mami, qué es ese edificio de colores? y le expliqué que era un Hospital para niños muy enfermos, ella me contestó, "si un día me enfermó ¿me llevarás a ese hospital?" yo expresando todos mis miedos le dije, "espero que nunca requieras el servicio de ese hospital" y para mí pensé, "pero si un día lo necesitas no pararé hasta que te atiendan en ese hospital".

Quizá la visión de las cosas cambian cuando tenemos hijos, hay un dicho que me gusta mucho "si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas", estamos chillando por Televisa y no vemos los niños que se benefician del Teletón.

Ninguno de mis hijos ha requerido de esta institución, pero les voy a platicar que al principio del año un cirujano maxilofacial operó a mi pequeño Mathias de 3 añitos en el Centro Médico Siglo XXI del IMSS. Este es un hospital reconocido en América Latina y en el mundo por los buenos médicos que en él trabajan, y no tengo queja de los médicos que atendieron a mi hijo, pero sí de toda la burocracia que rodea al servicio que ofrecen, el mal trato que algunos pequeños reciben, las instalaciones deficientes, la falta de alimentos y medicamentos adecuados, la falta de amor, sobre todas las cosas. El día que interné a mi hijo, estuvimos en una sala de espera, de las 10 am hasta las 7 pm sin poder movernos por que podríamos perder el turno si nos llamaban y no estábamos, no sólo eso, estuvimos ahí con unos 30 niños precisamente de oncología, que se internaban para sus tratamientos. No se imaginan las condiciones de tener a un niño internado en un hospital del IMSS, tan limitado. Mi esperanza es que niños enfermos de cáncer, encuentren en este nuevo HITO, lo necesario para tratar su enfermedad con dignidad, ser tratados con respeto y con amor y no sólo ellos, sino también sus familias.

Entonces mi reflexión es:

1. Si no quieres donar al Teletón, no dones, pero no incites a otros a que no lo hagan.
2. Deja de ver a Televisa y piensa en los niños beneficiados.
3. No esperes a tener un hijo enfermo para cambiar tu manera de pensar.

Saludos,
Jeny.